Residente: El Señor Lápiz. Por Gonzalo Frías


Este 25 de enero se presenta Residente en El Festival del Huaso de Olmué, 22hrs, transmite TVN y escribí esto.

Residente: El Sr. Lápiz
Un lápiz bic es lo más universal. Notas en pentagramas, dibujos de niños, cartas de guerra. Cartas suicidas. Cartas de amor. Listas negras. Las últimas intrucciones escritas por Nicanor Parra para su muerte. Puedes perforar una tráquea con un tubo de lápiz bic. Y así. René Pérez Joglar -Residente- de Calle 13 es un Sr. Lápiz. Toma nota de todo lo que vive, piensa. Lo conocí en una entrevista para el 7mo Vicio, y se advierte a un tipo que no pega ojo desviviéndose por llevar su arte fuera de la zona de comodidad, hambriento por conocer músicas y directores de cine (fanático de Wes Anderson y Todd Solondz).

Aquí la entrevista:

La tinta y la sangre corre en su disco solista “Residente” (2017) y el documental homónimo ahora en Netflix (¿por qué está narrado en inglés eso sí René?, podría estar la alternativa en español también). El compositor puertorriqueño investiga su ADN y arma un itinerario de viajes hacia los lugares de donde procede su herencia cultural. Esta vez como René Pérez Joglar, no como Residente. La muestra de sangre también determina las direcciones que tomará su música. Junto al otro gestor del documental, Marc de Beaufort, timbran en los pasaportes locaciones como Georgia, Armenia, China, Burkina Faso, Ghana, entre otros, aprendiendo de cada región con un hondo respeto por su tradición musical y luchas sociales.

En el proceso, colabora con músicos locales en las canciones. Los encuentros van desde “cantantes de garganta” (throat singers) de Tuvá en Siberia, a un colaborador de Hans Zimmer hasta cantantes clásicos chinos de la Ópera de Beijing. René idea canciones uniendo idiomas, injusticias, guerras, naturaleza. Cada sección del documental “Residente” (debería titularse “René Pérez Joglar”) es una mini e intensa lección de Historia, no leída en un libro pero vivida en carne propia. El segmento final muestra las crónicas de la turbulenta historia de Puerto Rico (parecen dos documentales en uno). Y claro, su lápiz sigue poseído el dictado de sus emociones y pensamientos.

¿Cuántos bolígrafos llenaríamos con la sangre de Residente? Este documental es un fascinante retrato sobre su proceso creativo. Uno en que la tinta corre como sangre y la sangre como tinta. Donde los sonidos deben nacer y morir todos los días para que la música evolucione. Ese lápiz se vuelve el símbolo, ya que porta el ADN creador y se transforma en sangre universal tanto para el receptor como el dador. Ese lápiz se vuelve hombre, mujer, viuda, niño, huérfano, tierra desolada, abusos y grita sus gritos y llora sus lágrimas. La tinta corre y corre.

Detrás de esa timidez de ojos almendrados de René va asomándose el animal que se mimetiza con cada cultura. Lo vemos escribir canciones en un cuaderno sucio, con una lapicera que pareciera quedarse sin tinta y con el corazón en la mano mientras escucha el conmovedor relato de un niño que describe el fallecimiento de su padre.Visita una escuela en Beslan donde en el 2004, activistas chechenos tomaron 1,200 rehenes. Más de 300 fueron asesinados, 186 de ellos eran niños. Conversa con una mujer que perdió a sus dos hijos ahí. Inolvidable cuando mezcla el lamento y las voces de las viudas de Chechenia, Azerbaiyán y Georgia. Lugares que han estado en conflicto entre si mismos y vuelve el dolor uno. “Lo único que nos queda es rezar y cantar,” dice una de las mujeres.

Hay personas que nos pueden explicar el mundo entero con la música.

Ese lápiz escribe canciones incuestionablemente sanguíneas. De su sangre y de los otros. De su querido Trujillo, la familia, sus barrios hasta China donde escribe sobre el cambio climático; en Ghana donde escribe sobre ser padre. En Puerto Rico donde canta sobre la independencia. No bota tinta, escupe rimas como el vesubio. Estaba claro para mi que Residente es un poeta. No solo por su habilidad para rimar (algo que no determinada un poema, ya lo sabemos) sino por su habilidad para lograr que en esa odisea literaria y musical se funda la emocionalidad, la crudeza, de su lenguaje con la universalidad de los temas que plantea.

El lápiz en sus manos es un arma que combate los males con el bien y ese bien es la música.

Es cierto que René Pérez y Calle 13 encarnan paradojas difíciles de resolver. Cantan la revolución en shows patrocinados por multinacionales o critican el capitalismo al tiempo que aceptan ser patrocinado por Adidas. O si aparece en una película Disney (“Old Dogs”, malita como ella sola) tatuando.

No debe ser fácil caminar sobre esa cuerda floja, muy delgada y, a veces, demasiado tensa. Pero díganme, ¿acaso la manzana no se pudre desde adentro? Al final, esas cosas me importan poco, lo que importa es la música. ¡Qué bueno que tengamos superado eso de que Calle 13 es raggaeton! Para que sigamos hablando, digo. ¿Han escuchado “La Perla” con Rubén Blades?

Ojalá todos le cantaran así a sus barrios, donde nacieron, donde se formaron. Con su disco y documental “Residente” nos muestra que se puede cantar al mundo sin sonar como “We are the world”, sino realmente urgente. No cantando
desde un estudio sobre los problemas sino que estando donde los problemas duelen y todavía manchan.

Con Residente en #Netflix vean “Sin Mapa” de Calle 13 es algo así como el hermano latinoamericano:

Completo aquí:

Los discos de Calle 13 en conjunto con Visitante (Eduardo Cabra) dejaron las venas y rimas abiertas de una latinoamérica que abarcaron como gran ciudad y donde cada país es un barrio. La presentación en Viña el 2011 (“Una pobre versión de Los Fabulosos Cadillacs” según Passalacqua) para mi todavía quema el escenario. Por eso quizás lo llaman la “concha acústica” porque “¡concha su madre qué presentación” fue esa. Da igual si en su presentación en Olmué se corta la luz. El Patagual podrá enchufarse a la electricidad de Residente y su banda. Sus ideas y sentires son electricidad traducida. Esa tinta la mete sin amplificadores. No me importa si Adidas lo usa o él usa Adidas.

Que siga usando BIC.

PD: Como soy el pelao pii, nunca sé cuando terminar. Hay un documental titulado “Hecho en México”, que logra algo milagroso. Poner bandera ante el genocidio cultural. Hace crisol musical y creativo desde Chavela Vargas, Rubén Albarrán, Lila Downs, Adan Jodorowsky, Juan Villoro, las rancheras, Molotov, artistas callejeros y hasta el mismo René Pérez. TODO EN UNO. PORQUE TODOS SON UNO. Se los recomiendo mucho.

Aquí encuentran esta joya:

Residente: El Señor Lápiz. Por Gonzalo Frías

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Gonzalo Frías
Gonzalo Frías
El pelao pi de las películas. Conductor y guionista del programa #7moVicio Autor de los libros #Tracking y #Tracking2